sábado, 20 de agosto de 2016

El día de los camalotes

Este cuento será publicado en el libro "Tilo"



Safe Creative #1609189221115

14 comentarios:

  1. Tengo el corazón encogido después de leer esta historia tan preciosa. Ya me conquistó el pequeño Tilo cuando me lo encontré en la Calle del Pecado. Me admira lo bien que narras la tristeza de un niño y el anhelo por su madre. La última escena, cuando el niño descubre la imposibilidad de sus intenciones, su decepción, es magnífica.

    No me canso de decirlo. Tu prosa es una delicia. Dan ganas de leerte en voz alta para saborear cada palabra. Muchas gracias por este rinconcito de bellas historias. Un abrazo

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  2. Ana, qué bueno que te agrade este pequeño Tilo, que te haya conmovido la búsqueda de su madre, es el personaje que más quiero. Muchas gracias por todo lo que me dices, eres en extremo generosa. Yo también te mando un abrazo.

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    1. Ya estoy aquí Raúl. Lo primero que tuve que hacer fue mirar que son los camalotes que dan título al relato… puedo imaginarlos con toda claridad Isin necesidad de la imagen que aportas), dado lo bien que los describes (en toda su espléndida belleza esmeralda y en toda su “terrible” magnitud, hasta el punto de entorpecer la navegación de los buques) También sentí la inquietud de los animales encerrados en las islas de plantas acuáticas.
      Y con tu lirismo eres benigno, pues a las prostitutas del puerto las elevas a mariposas nocturnas o ángeles del ocaso, es cuando entonces, como magníficamente afirmas que “Trópico ha encendido sus luces poderosas”
      Sobre los colores: ¡Cuánto verde y cuánta luz hay fuera cuando es de día! ¡Cuánto rojo, escarlata, índigo, carmín y fuego en la noche! La lucidez se contrapone a la nocturnidad alevosa (no sé si el término es correcto).
      Y de nuevo asoma Tilo, esta vez a sus doce, de recadero, de cronista aún sin saberlo. Y Lorena, que hace hombre a Tilo solo por el trato.
      Muy bien por el habla porteño sin que sea exagerado para que los que no somos de tu tierra lo entendamos. Los diálogos muy buenos, tan cortos, naturales y efectivos.
      Especialmente me ha gustado la descripción del racimos de casas apretadas que se expanden hacia los costados…y es que las dibujas, te prometo que veo el barrio desordenado de rejas, paredes sin terminal, y escaleras de caño….y la serpiente de cemento…y…en fin, lo veo todo porque nos haces verlo.
      Y sobre todo, que no eres manido ni caes en lugares comunes (como dicen ustedes por ahí) con el amor de madre, es un amor-dolor franco, nada impostado, con el tremendo final rasgado de llanto mientras a los camalotes, se los lleva el torrente.

      Maestro Raúl Ariel, y punto.

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  3. Hay tantas cosas lindas en tus líneas que no supe por dónde empezar a disfrutarlas. Una vez más tengo que agradecerte el tiempo que te tomas para leer. Los puntos que resaltas del relato son, de veras lo digo, como una golosina que empiezo a disfrutar en esta tarde de domingo. Muchas gracias Isabel por tu favorable y afectuoso comentario. Te mando un gran saludo.

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    1. Otro saludo canario para tí. Te acabo de contestar a un comentario que me hiciste en el capit. creo que V de Villa Herbania...se me pasó por alto en su día.
      Me voy a dormir que son las tantas por aquí Zzz...

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  4. Otra vez nos traes a Tilo, ese niño lleno de tristeza y nostalgia por la ausencia de su madre; otra vez nos llevas por Buenos Aires y la vemos en esos cuadros que pintas con las palabras; y, como llegas al corazón, sentimos su esperanza y su dolor final por la impotencia de alcanzar su sueño. Maravilloso.

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    1. Siento que aquí, en Buenos Aires, el día amanece más radiante aún con las pinceladas de tu comentario tan bonito. Gracias por pasar por aquí, es muy lindo encontrar un párrafo tuyo. Un saludo muy grande Marimoñas.
      Ariel

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  5. Bueno Ariel, de nuevo demuestras ser todo un director de orquesta en cuanto a composición de la belleza literaria. Como tal, colocas los camalotes como imagen poderosa que nos embriaga desde el principio, pero también como símbolo, una extrapolación de esa vida de Tilo, en el que nada se mueve, todo queda atrapado en esa red de rutina, de imposibilidad de salida, como si el niño mismo fuera otro de los animales atrapados entre las plantas.
    Resulta especialmente conmovedor observar como, en el momento en que decide usar ese símbolo como herramienta para salir del estancamiento, este, traicionero, se abre, haciendo que la libertad del río se convierta en prisión del muchacho.

    Tienes muchos elementos a destacar. Sobre todo, brillas en las descripciones. Buenos Aires cobra vida en tu pluma como no he visto a nadie hacer en mucho tiempo. Sentimos, olemos y casi palpamos cada calle, el Trópico, la mirada perdida del abuelo, el muslo de Lorena... Tienes una capacidad de mostrar espectacular. Además, algo que hace poca gente, es que te tomas tu tiempo en cada lugar, no tienes prisa, lo que nos deja contemplar cada escena, y nos envuelve en un ritmo de cadencia suave, muy útil para el tono melancólico que acompaña a tus relatos. Sí creo (y perdona el atrevimiento), que deberías tratar de ser un poco menos recargado a veces. Hay momentos donde la sobredescripición resulta muy adecuada, introduce en la situación, pero creo que el utilizar ese estilo en el resto de narración puede llevar a que el mismo cuento se vuelva un poco denso. Aún así, en este caso, se deja todo leer con facilidad, porque está escrito de manera sobresaliente.

    Otro tema a tratar que me encanta es como te acercas al mundo desde los ojos del chico. Desde la inocencia como ve a las prostitutas, hasta la imaginación al descubrir los camalotes. Pero especialmente me gusta el momento en que habla de la pandilla y del navaja. Me resultan especialmente atractivos los pasajes que se centran en la amistad infantil, llena de conflictos que de grandes parecen poca cosa, pero de pequeños son lo más grande del mundo. Tú nos lo enseñas muy bien en unas pocas líneas, la rivalidad con Navaja y la crueldad que un niño puede llegar a tener. Eso me encantó.

    Para no alargarme mucho, te hablaré del final. El final es demoledor. Me parece una decisión muy valiente el haber estado rozando el realismo mágico y habernos quitado la ilusión de la manera más dura. Eso da mucha fuerza al cierre, porque es crudo, no tiene piedad, y nos enseña lo mismo que a Tilo, que la vida no entiende a veces de sueños ni de magia. La vida te golpea, te jode, y no vuelve para consolarte. Parece que los camalotes le han quitado la pequeña esperanza que tenía, y como si hubiesen descorchado un tapón, la emoción del niño sale a borbotones. Casi la entiendo como el final de su niñez, su manera de cerrar esa etapa, dejándolo salir para poder seguir adelante. Tengo la sensación de que la corriente se llevo los camalotes como el camino de baldosas amarillas, y con ello se fue también la ilusión de un niño.

    Un trabajo enternecedor, Ariel (O Raúl, que no sé como prefieres que te llamen). Leerte es recibir un sinfín de emociones y viajar al sitio que nos cuentes. Hacer viajar y emocionar por el camino; dos grandes cualidades para un buen cuentacuentos.

    Un abrazo.

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    1. Alejandro, antes que nada, quiero agradecerte el hecho de que hayas leído el relato y que me hagas el detallado análisis del mismo, así como el tiempo que te tomas para hacerlo. Remarco esto porque tu mirada crítica tiene mucho valor para mí y quisiera que sepas a que me refiero.
      La forma de comunicación que se da en ámbitos como los sitios web depende de cómo esté diagramado, las personas que comenten, los intereses que persigan cada uno, es decir muchos y diversos factores. Si a esto uno le suma que las miradas sobre el arte de escribir son tantas como personas que escriben, llegamos casi a la subjetividad plena. El blog, me parece, que da para extendernos un poco más.
      A medida que voy publicando me sucede que voy descubriendo cuáles son mis puntos sólidos y mis puntos débiles, pero muchas veces esto es por pura percepción, leyendo entre líneas lo que me comentan. Fíjate en qué estado embrionario está mi propia mirada sobre lo que escribo. Pero en tus precisos análisis yo siento que arrojas claridad sobre estos dos aspectos que tanto me interesan, es decir mis fortalezas y debilidades.
      Respecto a las descripciones, que también otros escritores que respeto lo resaltan, aquí lo confirmas tú como positivo, es por esto que lo voy asumiendo cada vez con más seguridad como una fortaleza. A medida que voy adquiriendo más experiencia lo percibo con más intensidad, lo voy incorporando como algo intuitivo, y eso me da seguridad.
      Me pone muy contento saber que destacas algo que es una preocupación constante en mi a la hora de escribir, esto es mostrar antes que explicar. Por supuesto que siempre estaré tratando de mejorarlo hasta donde sea posible.
      Otra de las cosas que me anima mucho, es que dices que el relato tiene el tiempo, el ritmo, la cadencia. Esto sí que me lleva trabajo, pero me siento más confiado para descubrir y corregir errores. La ventaja con la que cuento aquí, es cierta seguridad en las sucesivas lecturas para detectar fallas.
      Y fíjate, que después encuentro la frase más buscada, que es una crítica, pero la que más esperaba, porque es una de mis mayores debilidades: la sobredescripción. A veces me desmadro en descripciones inútiles utilizándolas en demasía. Pienso que puede ser la consecuencia de querer subsanar defectos, un hueco de la trama que no supe llenar, o intentar no perder la “unidad literaria”, por supuesto sin conseguirlo y empeorando las cosas.
      Sobre este aspecto he tenido críticas muy duras, sobre este relato, de otros escritores, no en mi blog sino personalmente, que me han hecho hincapié en lo mismo. Es el lado más flaco que tengo, y por eso últimamente estoy poniéndole empeño buscando caminos, métodos, herramientas. Corrijo mucho y me parece que eso está bueno, pero en su sana medida, la cual es muy difícil para mí de determinar porque soy muy obsesivo. A veces de tanto darle vueltas pierdo el norte y me siento inseguro. Y ahí hay un punto en que me digo que, si esta parte del texto se “resiste” mucho, quiere decir que algo falla. Me va a costar ganar esta batalla, espero mejorar.
      Por estas cosas es que valoro tu mirada sobre el texto, esta que tú me provees con generosidad, tus comentarios me proporcionan dicha ayuda. Creo que mis dudas a la hora de dar el cuento por terminado y publicarlo nacen en parte de estas debilidades. Las críticas que pueda recoger, bien intencionadas como las tuyas, me serán útiles para los futuros escritos.
      Respecto a los elogios que me haces nada más que agradecerte porque avivan más mis ganas de escribir, de afirmarme en los senderos correctos.
      Alejandro, disculpas por extenderme tanto. Y, por favor, siéntete cómodo a la hora de comentar, no dejes de resaltarme todos los puntos flojos que veas, que te lo agradeceré mucho, siempre serán bienvenidos.
      Te mando un gran abrazo.
      Ariel

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    2. Qué gusto da leeros a vosotros dos (Raúl y Alejandro), el uno comentando a fondo, el otro recibiendo con humildad y categoría el extenso y profundo comentario de texto. Un lujazo leeros a los dos.

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  6. A causa de mi desconexión vacacional llego tarde a este relato, como a tantos otros, pero al fin he sacado un hueco para leerlo y comentarlo. Después de los comentarios de los compañeros poco queda que decir, sobre todo tras la magnífica disección que Alejandro ha hecho del relato, pero trataré de aportar mi granito de arena.

    En primer lugar destacar tu estilo inconfundible, esa narración tan particular que haces en primera persona y narrando la acción en tiempo presente, que tan bien dominas y tan bien queda.

    Uno de tus puntos fuertes, como han comentado, son las descripciones. Eres capaz de llevar al lector a la escena de forma que a través de tus palabras es capaz de meterse en ella y casi ver lo que sucede. Lo haces con la ciudad, con el río, pero sobre todo me han gustado muchos las descripciones de los personajes, tanto en lo visual como en la forma en la que retratas su forma de ser y sus emociones. Las descripciones de las prostitutas que nos brindas en este relato son magníficas, y también la de Lorena, a la que se llega a querer a través de tu pluma. Es de destacar además la importancia que das a los pequeños detalles, cosas que otros escritores no tienen en cuenta y que tú si usas para situar al lector completamente en la escena, por ejemplo cuando describes a Lorena sentándose en el sofá y colocándose la falda antes de conversar con Tilo.

    Otro punto que destaco es como nos muestras el interior del personaje principal, de forma que el lector se mete de lleno en sus emociones y empatiza enseguida con Tilo y con su situación de desesperanza por encontrar a su madre, con la penuria de la vida que lleva, sus esfuerzos por ganarse el sustento, el amor que siente por la lectura, la desazón que lo asalta cuando se enfrenta con Navaja o su forma de conducirse a medio camino entre el hombre que la vida lo ha obligado a forjar antes de tiempo y el niño que todavía es. Se trata de un personaje que ya nos has mostrado en otros relatos y al que vamos tomando cariño poco a poco.

    No sueles, al menos en lo que recuerdo, trabajar mucho los diálogos en tus relatos, por eso me ha sorprendido gratamente como los que aparecen en este texto están bien construidos, la conversación con Lorena es incluso entrañable.

    El final como también han comentado no deja a nadie indiferente, cargado de emoción y con la posibilidad abierta a una continuación en la búsqueda de Tilo.

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    1. Es realmente para agradecer el tiempo que te has tomado para leer y comentar el relato, sobre todo teniendo en cuenta que, llegado de vacaciones, seguramente, te has encontrado con muchos a quien responder.
      La palabra que utilizas (disección) para definir el análisis de Alejandro se ve muy acertada, realmente es sorprendente la capacidad que tiene para la crítica literaria, me da la sensación que utiliza una gran lupa mágica para ver aun lo que no está a la vista. Del mismo modo noto en ti la misma habilidad, el mismo talento, me parece una virtud que traen ustedes incorporada y acrecentada por la experiencia.
      Es muy grato lo que dices de las descripciones exteriores, pero sobre todo de las emociones, porque le pongo mucho empeño para tratar de mostrarlas y a veces tengo la sensación de no haberlo logrado. El hecho que lo menciones me aporta mucho para saber que voy por el camino correcto. Con respecto a los detalles, creo que es un recurso que agrega mucho para despertar el interés del que lee, me gustaría utilizarlo más seguido, a veces define la efectividad de una escena, me parece.
      Me alegra también saber que se va modelando la personalidad de Tilo y que leyendo se despierta tu empatía hacia él, que te lleva a ponerte en su lugar, esto es un gran elogio, de lo más importante para mí.
      Lo de los diálogos es verdad, soy muy débil en eso ¿Sabes lo que hago? Practico escribiendo diálogos por separado sobre cualquier situación y con cualquier personaje como entrenamiento. En los próximos relatos intentaré incorporar un poco más de eso si es que lo logro. Hay escritores que han descartado este recurso. He leído que, por ejemplo, Alejo Carpentier, por mencionar uno, decía que no los utilizaba porque eran demasiado artificiales y ampulosos. Pero a los que hacen buen uso de ellos les tengo sana envidia, da la sensación de que solo con eso alcanzara para decirlo todo. Me parece que es una herramienta para no descartar en absoluto, según mi humilde opinión.
      Finalmente, Jorge, muchas gracias por este comentario que me ayuda para afirmarme en los puntos que consideras fuertes. Ahora voy al otro.

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  7. En el plano de la crítica, tengo que estar de acuerdo con lo que señala Alejandro. En un relato las descripciones tienen su lugar, y las escenas de acción, donde la narración deja de ser estática y las circunstancias de los personajes cambian, tienen el suyo. Si se convierte el texto en una constante sucesión de descripciones la fluidez de la acción se ve resentida y el texto se vuelve demasiado denso, y como señala Alejandro el lector puede cansarse. Es cierto que este no es un relato de acción, pero aun así si pienso que hay una sobreabudancia de descripciones. Este equilibrio entre descripción y acción no es sencillo de conseguir, pero en su dominio está buena parte del éxito en hacer atractivo un relato de cara al lector.

    Otra cosa que te quería comentar, a riesgo de parecer demasiado quisquilloso, es un tema de vocabulario y fluidez en la lectura. Pocas críticas se te pueden hacer en este sentido pues tu prosa es elaborada y tu lenguaje rico. Sin embargo en alguna ocasión sí tiendes a repetir palabras consecutivas, es algo que nos pasa a todos pues el cerebro tiende a actuar de ese modo, y que se corrige en segundas relecturas del texto.

    En este párrafo por ejemplo, si se sustituye el segundo “ha venido” por “vino” o incluso “el camino lo ha hecho meditando”, o el segundo “aquí” de la última frase por “Ahora se encuentra frente a esta extensión que no tiene fin” el texto queda mucho más fluído:

    “A la madrugada siguiente Tilo está en la ribera, ha venido caminando hasta aquí para comenzar su viaje. En el camino ha venido meditando sobre la posibilidad de su emprendimiento. Ahora está aquí frente a esta extensión que no tiene fin y mira como el horizonte ha engullido la orilla uruguaya.”

    Lo mismo puede decirse de “leído” y “leyendo” en esta otra:

    “Otro modo de cruzar sin lancha ni bote a Uruguay ya lo ha leído en el libro que esta tarde estuvo leyendo en la cama.”

    O “esos” “esas” en esta:

    “esos vegetales que tiñen de verde la piel ocre de las olas. Las raíces de esas plantas”

    Espero no estar siendo demasiado puntilloso, pero a mi modo de ver en el camino hacia esa perfección imposible de conseguir todo es importante, y una de las virtudes que tienes es que demuestras muchas ganas de aprender.

    Resumiendo Ariel, no sueles dejarnos indiferente con tus textos, siempre cargados de sentimiento y tan trabajados. Sueles comentar que estás empezando, si estos son tus comienzos no quiero ni imaginar hasta donde puedes llegar. Un abrazo, escritor.

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    1. El primer párrafo es aleccionador porque no solo mencionas la dificultad de la sobreabundancia de descripciones, sino que además me das las pistas para poder descubrir donde se encuentran. Es bueno saber que no hay método para detectar cuál es el límite, que no tendré que buscarlo en ningún manual, sino que deberé ir saneándolo con la práctica.
      Respecto a los fallos de repetición que mencionas sí que se me han escapado, ya sabes que corrijo mucho antes de subir un relato, pero evidentemente se me han pasado por alto. Y siéntete cómodo, que no eres para nada quisquilloso, todo lo contrario, no sabes que bien le hace al texto que me los señales, es más, te agradezco el tiempo que te tomas en hacerlo. Por supuesto que ya me pongo a corregirlos, quedan tan feos como las faltas de ortografía.
      Respecto de las ganas de aprender: sí que las tengo. Y es cierto también que recién estoy empezando. En ciertas ocasiones me asalta la duda mayor: si realmente vale la pena lo que escribo. Pero cuando recibo elogios, en las devoluciones de escritores que tanto admiro como es tu caso, es ahí cuando recobro el aliento.
      Muchas gracias por la paciencia que te has tomado y por la última palabra que suena muy bonita. (¡Que me dan muchas ganas de creérmelo!). Te mando un fuerte y afectuoso abrazo.
      Ariel

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