miércoles, 11 de octubre de 2017

Vamos a cantar esta noche

   Mi amigo Pedro Kallpucará vive casi adherido al paisaje cósmico en la parte elevada de los Valles Calchaquíes, junto al corral desprolijo armado con troncos de horqueta, donde alberga cabras y mulas. Allí se yergue chata su pequeña vivienda de adobe, inclinada, para contrarrestar el declive de la ladera del cerro pelado, en el “Abra del Infiernillo”, en las altas cumbres de la provincia de Tucumán. 
   Lo vi por primera vez cuando los dos éramos chicos. Mis padres me habían dejado cuatro días de visita en su casa por un intercambio escolar. Concluida la charla con la abuela y las despedidas, yo quedé con mi bolso de ropa adentro de la cabaña, la única edificación cercada por dos cadenas de macizos interminables, al costado de la ruta en este paraje desolado. 
   Miré a través de la ventana trasera. Pedro estaba sentado en una piedra, afuera, como una ranita mirando absorto el ámbito solitario e infinito. Su forma de estar en el mundo era la propia sugerencia de la Naturaleza. Miró hacia el costado, porque escuchó el sonido habitual del chancleteo asmático de la abuela, el suave roce de la suela contra el piso del patio alisado con cemento. En el redil, a su vez, la llama giró el cuello por encima de la barra horizontal del corral con un gesto silencioso. No había otra cosa que se moviese en esa inmensidad. 
   Pedro observó hacia arriba. El polvo en tenue suspensión cubría el cielo y opacaba el aire leve. El caliente viento zonda levantaba la arenilla fina de la orilla del río para traerlo hasta aquí, a tres mil metros por encima del nivel del mar, en este cruce de cerros en el medio de la nada. Aspiró hondo, abriendo más sus pulmones antes de pararse, caminar hacia la casa, y poder ver quién había venido en el auto que acababa de irse por la ruta.
   Han pasado treinta años de ese primer encuentro. 
   Ahora estoy en Buenos Aires, en el barrio de Palermo y me siento frente al teclado sonámbulo entre las paredes dormidas, con mi costumbre de rememorar separando con sigilo los recuerdos. Acá la noche está templada y rumorosa. Los focos de la gran ciudad iluminan la grilla geométrica de calles y avenidas. La gran urbe rodea por fuera esta habitación en la cual escribo.
   Le debo una visita prometida a su pago, distante, a 1300 kilómetros de acá. Me llegan imágenes dispersas de colinas grises, en goteo sosegado hacia la contemplación, un sistema semejante al que él adopta para reflexionar con meridiana claridad, cuando cuelga las cuencas rojas de sus ojos en la cumbre nevada, que vigila, desde hace incontables milenios la cuenca del Tafí. 
   Y esto ocurre así porque cuando estoy allá, con Pedro, en sus montañas ancestrales, no puedo escribir aplastado por tanto paisaje. Observo cómo el viento agita y deshilacha los cuadrados coloridos de la wiphala del Tawantinsuyu. 
   Y me fundo en ese mismo ente, como él me ha sabido enseñar. Soy un pulso. Percibo la quietud de la roca pura en sagrada adoración del sol. Una vibración sutil me nutre la superficie de la piel. Me parece oír la música antigua del inca, el rumor de sandalias pisando los pequeños cascotes verdes, rosados, amarillos y negros, de los senderos, bajo la manta de copos en las nevadas del invierno. 
   Mi interior se vacía en medio del infinito y la eternidad, respirando cerca de las nubes. Cedo ante las evidencias, imposible encerrar la perpetuidad en un frasco, o explicar el esplendor de un amanecer. 
   Pero aquí puedo contar el detalle de lo vivido allá con cuidado minucioso. Los instantes del vestigio humano en mota elemental, la partícula de la vastedad del espacio y el destello impredecible de la engañosa cualidad del tiempo.
   Y sé que en estos momentos él puede o no estar pensando en aquellas reuniones, en su rancho de techo de barro. Pero quiero unir la trama de los hilos de nuestras historias, la mía de inciertos rasgos mapuches, con la de él, en anillos dibujados por el vuelo del cóndor en el remolino superior. Y atarlos en estos párrafos para dar veracidad de que nos hemos conocido, cada uno a nuestra manera, pero bajo el mismo cielo del mundo, aunque el suyo según él, es solo una pisada en la sucesión de todos los eventos. 
   Pedro Kallpucará para mí es una combinación de períodos. Fue, es y será. Pero él siente distinto porque nacimiento, vida y ocaso del cuerpo es una única fase compleja de lo vital. Por eso él dice que su pasado se alarga mucho más allá de los quinientos años, en la plenitud del esplendor de su estirpe, cuando abarcaba toda la extensa longitud del Camino del Inca en las alturas de la Cordillera. Y su futuro improbable, impredecible, puede estar en el agua de algún arroyo, viajando por la piel ajada de la Pacha, en la sustancia astral de las manchas tostadas de Venus, o en el sonido de un pinkullo rebotando por el abra de las quebradas.
   Y puede que, de algún modo, no esté tan errado porque en su concepto de trascender, cuando explica estas cosas, pone en duda el discurrir del tiempo y la continuidad del espacio, tal como lo conciben las mentes más lúcidas de Occidente, en sus conjeturas sobre la gravedad cuántica.
   Fueron muchas, sucesivas veces en las cuales nos hemos visto, para armar diálogos alrededor del fuego en las noches heladas, con conversaciones cortadas por prudencias necesarias, tramadas en telar de aire de oxígeno magro, tejidas con mi tristeza del llano y con su alegría de andino sosiego cobrizo. 
   Él no es capaz de explicar su entorno con mi método de conocer porque su inteligencia es de otra entidad. Sin embargo, me hace ver algo análogo al alma en los cerros de colores y en los estratos de eras geológicas del océano profundo. Y lo entiendo cuando observo el sitio señalado por su índice apuntando al cielo. Soles, estrellas, todo está constituido por lo mismo. Y también la bóveda celeste, azul, granate o púrpura, es de la misma esencia, su nítida pureza en apariencia de vacío es una estafa a mi inocencia, porque la veo como el soporte intacto e inamovible de los astros. 
   Pedro tiene algo afín a un dolor de siglos. En una de esas ocasiones me lo confesó, con el rostro serio y la mirada esquiva asomada por debajo del sombrero ancho, flamante estreno de Carnaval. Siente una confusión íntima, una discordia entre los santos impuestos a sus antepasados recientes, y la impronta misteriosa de la cultura perfecta y atroz de los incas. «Todo está mezclado aquí», me dijo aquella vez, apoyando la palma en el pecho mientras yo concebía el correr del líquido mestizo por las venas gruesas. 
   Imagino oír, el recitado en lengua quechua, ancestral, canto elegíaco compuesto por él para alivio del peso de centurias aciagas de compadres y comadres, y lo traigo una vez más traducido a la memoria: 
   La pena del siku golpea el risco. Del Camino del Inca a la ermita de ladrillo blanco sin preguntar nada. Olor de tanta sangre seca en el arenal. Errar y errar. Algo de coca en la panza esquivando hambres. ¿Hasta cuándo, compadre?, conformes y sumisos… apenas con lo que se nos permite decir, expulsados de la tierra donde hemos nacido. 
   Pedro, tal vez ahora, levanta la vista al pico más alto y piensa en los niños de Llullaillaco ofrendados a la montaña sagrada. Y medita en ese simple cambio de un estadio al otro desde este lado de la muerte. Y, quizás, bebe en soledad o anda con sus ropas largas bajo la pálida luz de la luna, un ovalo trémulo en el espejo lacustre. Él late vital, aparece y desaparece, es y deja de ser en la noche insondable. Con sus creencias firmes, hijo del sol, siempre.
   Aquellos encuentros fueron únicos, profundos, recónditos. Arrimamos nuestras culturas casi hasta el contacto en asíntota verbal extendida hasta las madrugadas. Al principio desciframos los gestos del rostro en socorro de la palabra. Luego, acumulando otoños, crecimos. Y la voz fue más precisa, y pudimos compartir saberes. Noches frías de hoguera escarlata, grato calor a mi piel, pero aviso fatal para él cuando envuelve el cuerpo del hombre para permutarlo en ceniza.
   Ahora y aquí, la música de las teclas rasga el secreto nocturno y puedo grabar estos detalles, en esta hilera de símbolos alineados, para conectarme con el silencioso mundo de Pedro a pesar de la distancia, mientras pienso su silueta abstraída en la sombra. 
   Lo imagino con su gorro de vicuña en tránsito por las veredas minerales, por la ladera de cardones, cavilando tal vez, cuándo será el momento adecuado para ascender y entregar su figura peregrina, natural y perecedera, en sacrificio espontáneo, partícipe de la cosmogonía de su estirpe, todo él, como una parte más de su universo eterno.
   De loma en loma, lento en su andar discurre ágil en sus deliberaciones, tan rápidas tal vez como la velocidad del baile de los astros del firmamento, entre las sucesivas crestas de la Cordillera de los Andes. Tanto como los párrafos en los cuales yo relato su realidad, en disposición lineal sobre papel como un texto literario, vadeando los mismos estrechos y dejando unas huellas parecidas a las de sus pies, escribiendo con similares caracteres.
   Desde aquí, yo intuyo sus movimientos. Él busca, selecciona la última morada, se anticipa a elegir el mejor final de este tramo de existencia. Ha de ser en las alturas, en la caverna adecuada, el propio pasillo de tránsito hacia otro estado de pertenencia, sumado a la unidad del cosmos todo, lo más arriba posible. 
   Asciende hasta donde la tráquea consigue la justa molécula de oxígeno para incorporar en el torrente sanguíneo, sin dejar de lado la posibilidad del último alimento. Su sueño es búsqueda anticipada, preparatoria. Irá allí cuando llegue el momento. No todavía. Pero especula con el invierno crudo, calcula, se convence. Si ocurre en la estación blanca, llegará, aún con los pies congelados, y podrá, al fin, estirar su brazo en el último gesto para acariciar la blanca palidez de la luna.
   Y ve la buena señal de un árbol achaparrado, clavado en la cuesta escarpada, mágico y raro, porque allí no hay vegetal que soporte el clima. De tronco nudoso y retorcido. Se expande entre ramas color pardo, oscuras como la tristeza, hacia arriba, a la manera de un puño invertido sediento de tanta sequía, en ademán de dedos ancianos, artríticos y dolientes. Es su árbol. Y más allá aguarda el oscuro hueco de la caverna. 
   Pedro gira feliz en el lugar sagrado, el corazón le palpita fuerte como el parche de la caja. Se orienta, graba en su mente la geografía, agradece al sol, y comienza el regreso a su casa. Hoy soñará el mejor de los sueños.
   Y, quiero pensar, ahora, además, no en la contingencia, sino en la certeza. Pedro está escuchando el ligero tableteo de las teclas y comprende. Estoy contando su historia y a él le llega a través del aire, o en cifrado tectónico por debajo de la sensibilidad de sus talones, quietos, desnudos sobre la arcilla y la laja, porque ellos son capaces de oír los temblores de la tierra. 
   Y de este modo, atrapa este mensaje, como si estuviésemos, él y yo, frente a frente, con las brasas encendidas de por medio, mitigando fríos, tratando de descifrar quienes somos. 
   Y yo siento un pequeño milagro de comunión, como en aquellos momentos evocados, en la penumbra de su rancho, agotada ya la charla y con la chicha ardiendo en nuestras gargantas. Estoy seguro de ello, casi alcanzo a ver su figura. Él está tomando el charango con el austero propósito de afirmar nuestra amistad, y dice: “Kunan tuta takisunchis”. O espera que yo le señale la quena para pedirle lo mismo, pero en mi lenguaje… o sea:
   “Vamos a cantar esta noche”.

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Glosario
Abra del Infiernillo: Paso montañoso a 3042 msnm en Tucumán.
Llama: Mamífero de la familia de los camélidos.
Zonda: Viento muy seco y muy cálido que sopla desde el Océano Pacífico.
Tafí: Río que pasa por la ciudad de Tafí del Valle.
Wiphala: (quechua). Bandera de etnias andinas, cuadriculada, blanca, verde, amarillo, naranja, rojo, granate y azul.
Tawantinsuyu: (quechua). Territorio del Imperio incaico. Siglos XV y XVI.
Sandalia: Calzado de los varones y mujeres incas.
Mapuche: Etnia aborigen del sur de América.
Cóndor: Ave andina de gran envergadura.
Camino del Inca: Red de caminos que unían las ciudades del Imperio incaico.
Pacha: (quechua). Tierra, mundo, universo, tiempo, época.
Pinkullo: Flauta andina hecha de caña.
Quena: Flauta de caña.
Abra: Corte transversal de una cadena montañosa.
Quebrada: Valle estrecho encajonado por montañas. 
Quechua: Lengua oficial del Imperio incaico.
Compadre/Comadre: Padrino/madrina de bautismo. Amigo/amiga con quien se tiene más trato y confianza.
Siku: (aimara). Instrumento musical de dos hileras de tubos de caña.
Coca: Hoja de la planta del mismo nombre que se usa como alimento y para prevenir el mal de altura.
Llullaillaco: Volcán de la Cordillera salteña de 6750 de altura. En la cumbre se encontraron niños momificados ofrecidos en ofrenda por los incas a sus dioses.
Vicuña: Mamífero de la familia de los camélidos.
Cardón: Cactus. Planta espinosa de gran porte.
Chicha: Bebida alcohólica a base de maíz típica del Noroeste Argentino.
Charango: Instrumento musical de cuerda típico del folclore andino que suele construirse con el caparazón de una especie de armadillo llamado quirquincho.



77 comentarios:

  1. Hola amigo!! Qué relato tan poético y tan sentido. Me gustó muchísimo la forma en que vas describiendo y ensamblando los mundos. Me transportaste con tus palabras y te juro, amigo, que terminé de leer tan emocionado que me tomó un ratito reponerme, te aseguro.
    No sé si es porque todo ese tipo de sensaciones místicas me las traspasó mi padre, que era santiagueño o por qué, pero me hiciste vibrar a mí también los talones sobre la tierra.
    Un abrazo muy grande, Ariel!!

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    1. Hola Simón!! Qué bueno que te haya emocionado el relato. Traté de reflejar lo que siente un habitante de llanura en la mística de esas montañas y el modo de ser de los descendientes de los pueblos originarios. Es muy halagador lo que me decís. Te lo agradezco mucho, amigo. Un abrazo!!
      Ariel

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    2. Muy hermoso y sentido, Ariel. Aprendemos el sabor de las cosas simples.

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    3. Muchas gracias Beba, es muy lindo disfrutar de este comentario tuyo. Un beso.
      Ariel

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  2. Tu relato es un canto a la hermandad entre los pueblos. Con tu hermosa prosa, nos muestras el amor por ese pueblo ancestral que, sospecho, es el amor por los pueblos indígena americanos. Emociona leerlo. Una belleza, Ariel. Eres un gran escritor.
    Un abrazo y mis felicitaciones

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    1. Es mi humilde aporte por la dignidad de los pueblos originarios y a su derecho al territorio. Es muy lindo lo que dices, te lo agradezco mucho, Ana, eres muy generosa. Un beso.
      Ariel

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    2. Ana, quiero agradecerte desde aquí el hermoso y halagador comentario que me has dejado en Amazon. No te imaginas la fuerza que me das para seguir escribiendo, no solo por adquirir el libro, sino por tus palabras. Disculpa la tardanza, pero es que recién ahora lo he visto, en el resumen de la Editorial. De veras te lo agradezco con todo mi corazón. Un beso.
      Ariel

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  3. Me dejaste sin palabras con este texto que es un canto pleno de poesía a la hermandad y a la tierra.
    Es cierto, en un lugar así, en contacto con la naturaleza y con algo más intangible y místico, no se puede escribir. Son momentos para acumular esa energía tan especial que circula en lo alto y hace que el tiempo se volatilice en un infinito sin horas ni minutos.
    Bellísimo, felicitaciones, Ariel.
    Un abrazo grandote.

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    1. Sí, así tal cual como lo decís lo sentí yo. No sé que pasa entre esas montañas que uno es tan pequeño que se le cae el lápiz ante la magnitud del inmenso Universo que lo rodea, y puede apreciar ese tiempo inmutable que viene de siglos de culturas ancestrales. Y esa energía que mencionás que se siente en el aire.
      Mirella, sos una persona muy sensible, perceptiva, que lee con sentimiento, y me dejaste un lujo de comentario. Te agradezco los elogios, yo escribo tipo "sudor de tinta", cortando, corrigiendo, puliendo, y volviendo a pulir, y eso de la belleza me pone parra arriba, te lo aseguro.
      Un gran abrazo, compañera de letras!!
      Ariel

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  4. ¡Hola Ariel! Como aún no te había visitado desde la vuelta de mis vacaciones compruebo que has cambiado el fondo de tu blog. Me gusta... Te leo y veo que vas a más, escribes de maravilla y con ese sentimiento que te caracteriza. Me ha encantado la historia, en particular lo de "nos hemos conocido, cada uno a nuestra manera, pero bajo el mismo cielo del mundo".
    Hermoso post y genial título.
    Un beso

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    1. ¡Hola Chelo! Como el blog ya tiene poco más de un año decidí cambiarle el color como cuando uno pinta las paredes de su casa. Me alegra que te guste. Y me ponen muy contento tus elogios y lo que dices del sentimiento, sobre todo, porque hay mucho texto que va a la papelera si no tiene eso que me preocupa transmitir. Me gustaría mucho poder seguir manteniendo ese rasgo de estilo. Muchas gracias por venir, la tuya es una grata visita, como siempre. Un beso.
      Ariel

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  5. Qué grata experiencia de lectura, Ariel, es una experiencia cósmica que reúne estos dos universos en la comunión y la hermandad a través de la naturaleza, las palabras, el canto. Muchas gracias por compartirlo. Cariños

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    1. Maria, qué grato comentario y qué acertadas palabras. Muchas gracias a ti por venir a leer este texto, eres bienvenida. Muchos cariños.
      Ariel

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  6. Con tus descripciones, Ariel, y sin conocer los parajes que nos muestras, me pareció ver la chata e inclinada casa de adobe de Pedro y “el encuentro” después de treinta años y desde la distancia de 1.300 m. de ambos amigos.
    Desde tu apartamento de Palermo haces un recorrido por los paisajes de tu memoria.
    Hay una frase, amigo Ariel, que si me lo permites me parece demasiado reiterativa. Escribes: “rememorar separando con sigilos los recuerdos de mi memoria”, creo que sobraría “memoria” pues va implícito en el verbo remomerar. En cambio otra reiteración paralela y poética que no estorba, al contrario, aumenta el sentido de ambas cuencas, y es: las “cuencas” rojas de sus ojos, y la “cuenca” del Tafí.
    Tooodo lo demás, lo describes con palabras bellas, sensitivas y adecuadas, y sobre todo, con respeto profundo, hondo y hermanado para Los Humildes Pedros del mundo.
    Tienes frases impagables, entre otras muchas la sensación que sientes de aplastamiento por el magnífico paisaje. Las montañas, cerros y parajes alto producen esa sensación de sentirse una pequeña hormiga ante el gintantismo de la tremenda naturaleza de los altos cerros. Dan muchas ganas de conocer esos lugares. Terminas mimetizándote con el paraje, y siendo, como dices, roca y pulso de la madre tierra.
    Pedro es un hombre humilde, y su humildad lo hace tan grande como los lugares que habita, casi diría, leyéndote Ariel, que el “hábitat” lo habita a él, y ambos, paisaje y hombre se funden en una simbiosis perfecta.

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    1. Muchas gracias, Isabel, por la minuciosa lectura que has realizado del texto. Porque lo haces con cuidado, te tomas tu tiempo, y además, describes lo que te ha pasado, qué ha sucedido en tu interior al leerlo.
      Es muy bonito ver por escrito, en el comentario, cuáles es el recorrido, la huella que ha quedado en tu interior. Es muy lindo, también, lo que dices acerca de la humildad de Pedro y ese modo de fundirse con el paisaje.
      Y, es verdad, hay una reiteración en la frase que apuntas. Ya la estoy corrigiendo, es que de verdad queda fea.
      Te mando un abrazo muy afectuoso.
      Ariel

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  8. Hola Ariel sensitivo relato tal y como te caracteriza, en este caso me has transportado casi tocando el cielo por altura y por ese misticismo que se iba apoderando de mi mientras te leía. Me ha encantado esa comunión entre ellos y con el paisaje y esa distancia que no lo es porque no hay distancia cuando los corazones van a una.
    Muy bonito, me ha ido muy bien ese glosario con las palabras porque de varias de ellas no conocía los significados.
    Un saludo

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    1. Hola Conxita. Es muy lindo lo que dices porque la amistad es un sentimiento que salta las distancias y, porque no, también el tiempo. Me pone muy contento que te haya podido transmitir la mística por medio del texto. Es muy grato recibir de ti estos elogios y el modo en que los dices.
      Se me ocurrió que el glosario iba a ser necesario porque había utilizado palabras autóctonas y nombre propios de la región. Pensé en reemplazarlas por sinónimos o por alguna modificación en la redacción, pero al fin me decidí por dejarlas porque tienen una sonoridad y una connotación que, creo, es necesaria para lo que he querido expresar. Es bueno saber que cumple esa función.
      Un saludo muy, muy grande.
      Ariel

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  9. Hola pibe. Tarde pero seguro. Recién me he percatado que subiste un nuevo texto. Nunca fui el más listo del barrio y menos ahora, en la Web. Desde ya te digo que tu prosa es de alto nivel, que sos un orfebre con las palabras. Hay tanta calidad, tanta mezcla de exuberancia y sobriedad en el relato que por momentos uno, como lector, se deslumbra. Aquí nos traes la historia de Kallpucará. Personaje acaso simbólico, acaso real. Aunque poco importa. Has usado este contraste contigo aquí en la gran ciudad. Lo has convertido en una especie de “alter ego” andino de tu persona. Con el claro (y logrado) afán de reivindicar su milenaria cultura. Yo en mis viajes apenas he atisbado algo en Tilcara o en el Potrero de Payogasta pero te confieso que nunca he logrado alcanzar tu hondura. El final es de verdad extraordinario, con esa asumida “preparación” para elegir el momento de la muerte en las alturas. Muy bueno, Ariel Te felicito. Gran trabajo.

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    1. Hola Néstor! Qué alegría que hayas venido. Lo que sucede es que no he pulsado el botón +1 cuando subí el relato. No me di cuenta. Y no le ha llegado, seguramente, el mail de aviso a los seguidores. Por eso me pone más contento encontrarme con tu comentario.
      Es muy lindo leerlo y releerlo porque estimula mucho mis ganas de escribir, que actualmente, a decir verdad, están un poco desinfladas, con la guardia un poco baja.
      La cultura de los pueblos originarios me ha conmovido mucho y he tratado de fabricar esta amistad con Pedro desde el asombro y la reflexión, en la búsqueda de expresar mi respeto a la diversidad de piel y de pensamiento, y también como homenaje a las luchas por la dignidad que llevan adelante los descendientes de las comunidades aborígenes andinas.
      Hay algunas palabras, como calidad, sobriedad, que realmente me exceden, pero me alientan sobremanera, sé que vienen de tu sinceridad. Es muy grato que no se te haya escapado el proceso de "preparación" y que lo hayas visto acertado.
      Tu lectura es un lujo y tu comentario es un gran aliciente. Tu mirada sobre el texto es muy, pero muy importante para mí.
      Te lo agradezco mucho, Néstor, de corazón.
      Ariel

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  10. La grandeza de esos paisajes de montaña sin duda nos supera, es algo que has sabido reflejar a la perfección en este cuento. La he sentido en ocasiones en las montañas asturianas al sur de esta tierra, y para nada son tan elevadas como las que tenéis ahí en los Andes. Sin duda la magnificencia de la naturaleza sobrecoge el espíritu humano. Supongo que el tal Pedro existe de verdad, aunque no se si ese será su nombre verdadero, desde luego el apellido raro suena un poco, en todo caso a buen seguro habrá sentido el homenaje que le brindas. Un saludo Ariel.

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    1. El apellido de Pedro es el acrónimo de dos palabras quechuas: kallpa que significa fuerza y pucara que significa fortaleza (era común designar con ese nombre a las construcciones que hacían los incas en las alturas para defenderse de los enemigos). En el noroeste argentino hay montañas muy altas, como tú dices, y el paisaje magnífico que te rodea te sume en un estado muy especial. La falta de oxígeno, si no estás acostumbrado te puede taer problemas. Los incas estaban muy acostumbrados a estas alturas, llegaban hasta los seis mil metros a pie, sin problemas, cuando hacían, por ejemplo, las ceremonias y los sacrificios. Hay, sobretodo, una mística que se percibe en esos lugares, que te lleva inevitablemente a pensar en el reinado ancestral de otra cultura y otro modo de pensar el mundo. Muchas gracias por pasar, Jorge, un gran saludo.
      Ariel

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  11. La fusión de lo cósmico con lo sentimental a través de esta maravillosa facilidad descriptiva que dominas a la perfección, es la mejor guía turística con la que puedes ayudarnos a visualizar la mágica y espectacular orografía junto con sus ocultos misterios, de estos prodigiosos lugares andinos y del remoto Imperio incaico que ocupó gran parte de lo que hoy conocemos como Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador. Además otra gran peculiaridad de esta gran civilización fue mantener una propiedad comunal de sus tierras tanto en la forma de trabajar como de obtener beneficios.

    En este nuevo trabajo literario, intuyo, querido compañero de letras y amigo Ariel, que te has marcado un nuevo reto y es el lograr describir "lo imposible", porque aunque seas consciente de que "el papel y el lápiz mengüen ante la inmensidad imposible de encerrar a perpetuidad en un frasco" pues rozado ese límite y eso dice mucho en tu favor.

    El canto del cóndor o de Pedro, símbolo eterno de esta sagrada cultura o de esta sabiduría ancestral, es también el hilo conductor del relato a modo de intenso y entrañable homenaje.

    Finalmente comentarte que estoy también de acuerdo con esas interesantes observaciones que te ha hecho tan amablemente Tara, que por cierto la felicito por ese segundo premio del TINTERO DE ORO.

    Un inmenso abrazo como esta espléndida y bella geografía andina.

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    1. Querida Estrella, me alegra tanto ver reflejado en tu comentario el conocimiento que tienes de la cultura del imperio incaico, porque, imagino que así has podido percibir mejor el recorrido por esos parajes andinos a punto tal que quizás no te haya resultado necesario recurrir al glosario.
      Has analizado con detalle todo el texto y me haces un comentario muy bonito el cual agradezco enormemente.
      Como dices, el hilo conductor, el tema que subyace todo el tiempo en el relato, y que ha sido el principal motivo que me ha llevado a escribirlo es la amistad.
      Y en la amistad de Pedro concibo y encierro la hermandad que siento con las comunidades aborígenes.
      Mi país es un crisol de razas, como muchos dicen, pero nuestra historia está marcada por crueles luchas intestinas que nos han dividido, y a veces, se producen discriminaciones entre nosotros, que no nos hacen bien, y en algunos casos, con algunas comunidades descendientes de los pueblos originarios que han poblado nuestro suelo mucho antes de la llegada de los españoles.
      Este es mi homenaje a esas comunidades aborígenes, para que no sean discriminadas, que mucho han aportado a nuestra cultura y a nuestra sangre mestiza.
      Muchas gracias por venir, querida Estrella, siempre es un placer tenerte por aquí. Un gran abrazo.
      Ariel

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  12. Prosa poética muy descriptiva de emociones sentidas en el pasado. Remembranzas añoradas de una tierra grandiosa.
    Me gustó haciendo vibrar mi parte sensible.
    Abrazos y suerte, compañero.

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    1. Si he podido tocar algún sentimiento mostrando el modo diferente de concebir el mundo y la existencia, en la nostalgia de la amistad de Pedro, me doy por satisfecho. De veras lo digo.
      Muchas gracias por tu comentario, Francisco, y por tus buenos deseos.
      Ariel

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  13. Me alegra mucho Ariel que participes con este magnífico relato en el concurso Tintero de oro de octubre, sin duda, ya te lo dije en un comentario anterior tienen calidad sensitiva y humana.
    Mucha suerte amigo Ariel.

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    1. Eres muy generosa, Isabel, con tu comentario y con tus buenos deseos. Te lo agradezco mucho.

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  14. Gracias, Raúl. Es fantástico que te hayas animado a participar con este relato en el TINTERO DE ORO. Un fuerte abrazo y suerte!!!

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    1. Gracias a ti, David, que te tomas tanto trabajo con esta iniciativa. Eres de veras muy generoso, no solamente por ponerte al hombro esta tarea en la que te has comprometido a fondo, para generar un espacio de acercamiento entre los que nos gusta escribir, sino en otras que hacen a la difusión de los trabajos de los compañeros. He visto tu "En tinta viva N°2", todavía no he tenido tiempo de leerla toda, pero vi que es un trabajo enorme. Un abrazo por todo lo que haces, te lo mereces, ya lo creo.
      Ariel

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  15. Ariel, antes de nada desearte suerte en el concurso que tan generosamente organiza David. Tu relato es de una profunda humanidad, si me permites la expresión, creo que logras entretejer, nunca mejor dicho, los hilos de esa amistad que se desarrolla a lo largo de los años entre los personajes, del mismo modo que los incas anudaban sus quipus. El conocimiento mutuo, la fascinación y sencillez con la que se asiste a lo trascendental y desconocido que hay bajo el mismo cielo –y más allá–, y lo mundano del más acá. Me parece además una preciosa manera de reivindicar el apego a las tradiciones de una cultura milenaria como es la Inca, aparte de romper una lanza por la belleza de las cosas sencillas, como sin duda es romper a cantar acompañados por instrumentos de fabricación casera.
    Un beso, Ariel
    Eva

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    1. Qué lindo es lo que dices, Eva, y de qué modo tan emotivo haces el paralelo con los quipus, porque los incas no conocían la escritura, la única forma de comunicación no verbal que tenían era la interpretación de los cordones con nudos de ese artilugio. Era su forma de contar, de dejar registro de los hechos, por eso me emociona que lo apliques a este texto.
      Pero además hay otras cosas hermosas que enriquecen tu comentario. Me agrada mucho que hayas visto lo que para mí es lo principal, es decir el tema. La amistad entre dos personajes de diferentes culturas y con una misma patria, en diferentes contextos geográficos, preocupados ambos por entenderse en la diversidad, en los aspectos trascendentes de la existencia, con los dolores, ambos, de una historia atravesada por la sangre de los sometimientos y la discriminación, que abarca todos los tiempos y llega, por desgracia, hasta nuestros días.
      Es muy hermoso todo lo que dices, la música y el canto sin duda son de los instrumentos más eficaces para impulsar el acercamiento a la amistad de los personajes, y por que no, en sentido más general, a las comunidades que los albergan.
      Un beso.
      Ariel

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  16. Que tal Ariel (no Raúl, alguna historia habrá detrás de esto).
    Te voy a ser sincero, cuando abrí tu blog, me pareció una explosión de color monocromática (no te apures yo me entiendo). Hice “scroll down” para ver la longitud de tu texto y me asustó el glosario. Listo estaba yo para no entender nada. Si hablamos con la verdad, empecé a leerte con miedo.
    Pero eso a ti no te importó, palabra tras palabra, frase tras frase, me llevaste de la mano a un mundo desconocido y a la vez muy familiar, que no me hizo falta revisar el glosario. Me fundí en la historia y como en una película, fui testigo de los acontecimientos. Tienes un dominio magistral del oficio.
    Una prosa perfecta, un placer leerte y agradecer tus palabras a mi texto. Muchas felicidades y suerte.
    José

    p.d. Por algún motivo, tengo problemas para publicar comentarios en los diferentes blogs, pero te dejo mi dirección www.cuentoshistoriasyotraslocuras.wordpress.com voy participando en el número 3.

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    1. Hola José!
      Me da mucho gusto que te hayas animado a la lectura a pesar de las palabras autóctonas. Se que eso dificulta la comprensión y, en muchos casos, desanima de entrada a sumergirse en el texto. He intentado quitarlas y reemplazarlas. Sin embargo, he visto que perdía sonoridad, y eso, me ha llevado a dejarlas y acompañar un glosario al pie.
      Es muy lindo lo que dices y todos los elogios que le pones al relato. Es muy agradable el comentario que me dejas, de veras te lo agradezco mucho.
      Y, por supuesto, también te doy las gracias por tus buenos deseos.
      Es un placer que hayas pasado por aquí.
      Ariel

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  17. Todo un canto al hombre, la naturaleza y al universo en general. Somos parte de un gran todo que, en muchas ocasiones, nos negamos a admitir, atentando contra él por capricho, poder o inconsciencia. Pura poesía puesta al servicio de los pueblos primigenios.
    Un abrazo enorme, Ariel.

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    1. A veces nos alejamos de la Naturaleza, nos volvemos menos solidarios, nos alejamos de los valores a rescatar, como la amistad. Hasta llegamos a entrar en conflictos, en guerras despiadadas que luego la historia recoge con el suavizado nombre de acontecimientos. Pero quedémonos con lo mejor de nosotros, la esperanza en mejorar como civilización.
      Muchas gracias por los elogios, Bruno. Un abrazo para ti.
      Ariel

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  18. Qué bonitas letras y más bonito sentir, Ariel.
    Rezumban humanidad, yo también he escuchado esa música antigua que nos liga unos a otros. Me alegra muchísimo leerte de nuevo, :)
    Un beso, y feliz tarde.

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    1. Hola Irene, muchas gracias por pasar por aquí a dejar tu bonito comentario.
      Un beso para ti.
      Ariel

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  19. ¡Hola!
    Tu relato me ha parecido precioso y me ha encantado poder conocer nuevas palabras y lugares en su mayoría desconocidos para mí, o cuyo significado allí es distinto del de aquí. Ha sido todo un detalle, la verdad. Tu reflexión es extraordinaria y los mensajes que transmites son una maravilla. Espero leer más de ti :)
    ¡Besitos sonámbulos! ★🌙

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    1. ¡Hola Aída!
      Es muy lindo todo lo que dices del relato, te lo agradezco mucho. Es un placer que hayas venido, eres bienvenida a este sitio. A mí me gustan mucho las reseñas que haces. Son muy, pero muy interesantes. No he leído tus relatos pero te prometo que iré por ellos.
      Un beso también para ti.
      Ariel

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  20. Lo que se desprende de tu narración es que "No hay que perder las raíces", y llevar con orgullo el origen de los antepasados, como bien relatas en tu texto. El pueblo aborigen Mapuche en tus letras sigue vivo.

    Gracias por leer mi relato. Un abrazo literario

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    1. ¡Hola Lola!
      Sí, en mi país a veces olvidamos las raíces de los pueblos originarios que habitaron América, que mucho de su sangre corre por nuestras venas, y que no solo somos herederos de los que descendieron de los barcos.
      Muchas gracias por pasar por aquí a dejar tu comentario. Un abrazo par ti.
      Ariel

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  21. Un relato muy bello. Me gusta tanto el fondo como la forma. Coleccionista de palabras hermosas como soy, me ha resultado una delicia poder saborear tantos vocablos exóticos.
    Suerte en el concurso

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    1. Es muy lindo lo que dices, Sara, me alegra mucho que lejos de aburrirte, te haya gustado disfrutar de las palabras autóctonas que he utilizado en el relato. Y suena muy halagador que te hayan agradado el estilo y el contenido. Ya lo creo.
      Muchas gracias por tus buenos deseos.
      Ariel

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  22. Un precioso y sencillo relato de amistad y comunión con la naturaleza. Me ha gustado mucho porque, además, su lenguaje, exótico para nosotros, lo hace más atractivo si cabe.
    Buena idea el glosario.
    Un beso.

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    1. Tal cual, Rosa, eso es lo que he querido volcar aquí. Por un lado la amistad que busca la hermandad por medio del entendimiento sin discriminación. Por el otro resaltar la íntima fusión y el respeto, el cuidado, que tienen las comunidades ancestrales por la Tierra y el Universo todo. Me alegra mucho que te hayan gustado los términos en lengua quechua, es muy musical, y además son palabras que se usan actualmente en el Norte Argentino, me pareció que no debía reemplazarlas por otras que usamos, en Buenos Aires, por ejemplo, porque desvirtuaban el texto.
      Muchas gracias por pasar por aquí. Un beso.
      Ariel

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  23. Hola, Ariel.
    De verdad te digo que he visto a Pedro y al narrador, cada uno en su entorno pero también juntos, a punto de cantar en sus noches. Y he oído la bella música, la magia que encierra la filosofía de vida de Pedro y la lírica de las palabras surgidas del teclado del narrador.
    ¡Gracias por tan bello texto!
    Te deseo mucha suerte en el concurso.
    Un fuerte abrazo.
    Patxi.

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    1. Hola, Patxi. No hay recompensa mayor que haberte podido transmitir por medio de las palabras del texto el cúmulo de emociones que enumeras. Sin duda es el principal objetivo que me impulsa a escribir. Me alegro mucho que hayas pasado a leer el relato y a dejar tu comentario. Mucha suerte también para ti. Un gran abrazo.
      Ariel

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  24. Cuánta magia sabes transmitir con tus palabras. El mensaje es múltiple, las raíces, lo simple, lo eterno, lo mágico, lo distinto... Es un gran relato, Ariel.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Mirna. ¡Cuántas palabras lindas! Me gusta mucho saber de esa magia que viste. Te mando un gran abrazo.
      Ariel

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  25. Creo Ariel que has echado el resto en este relato,... conoces y sientes la naturaleza como muy poca gente lo hace,... y a esa facultad hay que añadirle tu capacidad para describir los sentimientos de las personas,... después solo es cuentión de tejer ambas circunstancias,... es entonces cuando podemos disfrutar de tus escritos. Tengo que confesarte que por momentos me he sorprendido a mi mismo releyendo tus párrafos. Enhorabuena!

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    1. Cada relato, cada cuento se forma, sin quererlo yo, de un modo distinto. Pero debo decirte que por lo general, tal como lo comentas tú con claridad, en la génesis de cada uno se encuentran esas dos características que mencionas: un sentimiento profundo y el contexto, que en muchos casos involucra al paisaje. A partir de ahí tengo la sensación que he encontrado la materia para modelar y que debo contar una historia. Norte, eres un agudo lector y un escritor sensitivo, es muy agradable leer tu comentario. Te lo agradezco mucho y te mando un gran abrazo, desde BA hasta dónde te encuentres.
      Ariel

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  26. Un gran relato, Ariel, me ha gustado mucho.
    Mucha suerte en el concurso.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Javier, otro abrazo para ti.
      Ariel

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  27. Ariel, lo prometido es deuda. Aquí estoy para devolverte tu visita.
    Me ha parecido un relato muy emotivo, lleno de amor a la amistad y a la naturaleza.
    Muy buen relato. Te deseo mucha suerte en el concurso.
    Besos.

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    1. Sí, es verdad, eres muy cumplidora Pilar, te agradezco mucho que hayas venido hasta aquí a dejar tu comentario. Mucha suerte para ti también. Besos.
      Ariel

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  28. Hola R. Ariel. He leído el texto con atención. Es apabullante el juego barroco que propones. Un verdadero mundo idealizado heredero del Inca Garcilaso entre otros. En este sentido me parece muy interesante como prima la visión subjetiva del autor. Tan es así que el narrador ya no es necesario por decirlo de una forma simple.Queda el punto de vista del escribidor aunque la realidad imparcial ya no interese.
    Muy interesante, como digo y tiene su atractivo.
    Un abrazo y mucha suerte

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    1. Hola, Don. Qué buena lectura que has hecho del relato. Es un intento de acercar, casi hasta fundir, al narrador con el personaje y, como tú dices, con una fuerte impronta del autor (o el escribidor, no sabemos) al calor de la historia.
      Te agradezco mucho el comentario, por cierto muy inteligente, y tu visita. Un placer que hayas venido hasta aquí. ¡Mucha suerte!
      Ariel

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  29. Respuestas
    1. Muchas gracias, Marta, por tus lindos elogios.

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  30. Hola R.Ariel, participo también en el certamen de David "El tintero de oro". Gracias por el comentario dejado en mi "CAOS". Es un lujo que alguien con experiencia en la literatura me haya dejado su parecer en cuanto narrativa y estilo. He leído con detalle el tuyo, tu relato casi histórico con esas descripciones de lugares y momentos, con algunas palabras desconocidas para mi (como esa grilla). Se siente ese latir de los encuentros que rememora tu narrador. Muy tuyo me parece, me refiero a que siento que está contado a la carta por ese narrador; cogido en cierto modo por la memoria que le acontece y le precede para las descripciones. La memoria que deja la invitación sobre esa mesa argentina. Gracias. Un abrazo

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    1. ¡Hola Emerencia! Me has dejado un comentario muy cálido y te lo agradezco mucho.
      Es cierto, como tú has percibido, he querido contar la historia con mucha cercanía. Al colocar al narrador en primera persona he intentado darle proximidad con el personaje, de forma tal que le diese intimismo al relato. Visto de este modo casi se puede decir que todo queda reducido a una escena, la del personaje-narrador escribiendo y pensando, y se anula la narrativa definida como un suceder en el tiempo.
      Y para reforzar esa idea, he colocado muchos adjetivos posesivos que, aunque algunos serían innecesarios, recalcan la intimidad que quise mostrar.
      Ha sido un placer haber visitado tu blog. Creo que la iniciativa de David es muy buena y tiene, entre otras cosas, la posibilidad de que nos conozcamos a través de este concurso.
      Un abrazo, Emerencia.
      Ariel

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  31. Hola Ariel.

    Muchas gracias por pasarte por el blog y dejarme tus impresiones.

    Me ha sorprendido gratamente descubrir tu literatura. Es casi, casi, poesía. Me he transportado con facilidad a esos parajes tan lejanos para mí. Ha sido realmente agradable.
    Has conseguido con tu forma de expresarte, tremendamente rica en expresiones, un estilo único de escritura.
    Te felicito.

    Nos leemos.

    Un saludo.

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    1. Hola Jean.
      Ha sido un gusto pasa por tu blog y te agradezco que hayas venido hasta aquí a dejar tu comentario. Cada uno de nosotros tiene un estilo diferente, me alegra mucho que te haya gustado el mío, y me he puesto muy contento, sobremanera, porque le has puesto la palabra poesía, así como sustantivo.
      Eres muy generoso. Nos leemos, Jean. Un saludo.
      Ariel

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  32. Ah, que se me olvidaba.
    Mucha suerte en el concurso Tintero de Oro, aunque para mí, poder conocer a tantos escritores ya es toda una suerte.

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    1. Muchas gracias por tus buenos deseos, Jean. Lo mismo para ti, que tengas buena suerte en el concurso.

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  33. Hola Ariel

    Unas descripciones perfectas que te llevan al lugar y casi puedes respirar el mismo aire que ellos. Bien escrito, lleno de sentimiento y con muchos conceptos que entender entre líneas.

    Enhorabuena y mucha suerte

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    1. Hola Paola. Muchas gracias por llegar hasta aquí a dejarme un comentario con tantos elogios. Mucha suerte para ti también. Un saludo.
      Ariel

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  34. Qué maravilloso relato, Ariel. Encierra la poesía de una existencia diferente, la de Pedro, y la de una amistad muy especial. Sin duda hay seres que constituyen un eslabón entre lo humano y la propia Naturaleza...

    Como siempre tu lenguaje es exquisito, tus descripciones tan vívidas y poéticas que nos permiten ver, sobre todo con el alma, y la historia, interesante y trascendente.

    ¡Un gran texto! Ha sido un placer leerte y poder disfrutarlo. ¡Mucha suerte en el concurso! :)

    Un abrazo.

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    1. ¡Hola Julia! Es un placer contar con tu bonito comentario. Así es, los habitantes del Norte Argentino, más allá de sus creencias religiosas en particular, tienen veneración cultural y ancestral por la madre tierra. Y es, como tú bien dices, un verdadero eslabón que los funde con la Naturaleza. Muchas gracias por pasar por aquí, me alegra que te haya gustado el texto, y te agradezco también tus buenos deseos.
      Un abrazo.
      Ariel

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  35. Cada vez que veo un bloguero escritor de Argentina me siento orgullosa, más si escribe así de bien. Me gustaron mucho tus descripciones. Suerte en el concurso.
    Un abrazo.

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    1. A mí me pasó lo mismo cuando fui a tu blog, porque estuve leyendo algunos de tus relatos cortos, y estuve curioseando todo lo que tenés escrito y publicado. Cuando me pasa eso me dan ganas de escribir en argentino de lo contento que me pongo. Es que somos minoría.
      Un abrazo.
      Ariel

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  36. Hola, R Ariel, Ha sido una sorpresa enorme encontrar una relato con esa narrativa tan poética y prolija de detalles que nos ayuda a intimar con los personajes y ver que su visión diferente del mundo en vez de alejarlos los acerca en las cuestiones que trascienden al hombre y a la propia vida. Una maravilla como has mostrado la grandeza de la naturaleza, que conserva en sí misma todos los ecos de la historia del hombre y como ella puede hermanar a estos dos amigos al enseñarles una sabiduría ancestral que permanece desde la noche de los tiempos. Ha sido un placer leerte. Mucha suerte en el concurso. Abrazos.

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    1. ¡Hola Lana! Es un placer que me dejes tan bonito comentario. Creo que es necesario tender lazos con aquellos que no tienen nuestra misma percepción del sentido de la existencia del hombre sobre la Tierra. Y, precisamente, en mi país tan extenso, contamos con muchos grupos descendientes de aborígenes que están discriminados y debieran merecer respeto y recuperar su dignidad. Este relato es mi llamado, mi aporte para que eso ocurra. Por eso quise hacer hincapié en la riqueza de las culturas y los pensamientos ancestrales.
      Es muy lindo lo que dices acerca de las manchas temáticas más importantes, tales como: la amistad, la visión del mundo, el esfuerzo por comprender al otro, la hermandad, la sabiduría.
      Te agradezco la visita, todos los elogios, y tus buenos deseos. Un gran abrazo para ti.
      Ariel

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  37. Ariel, muy impactante tu labor de documentación, el glosario... excelente trabajo. Mucha suerte en el concurso.

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    1. Hola Rocío. Muchas gracias por la impresión que te llevas del relato. Yo también te deseo mucha suerte.
      Ariel

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  38. E" una piacevole sorpresa leggere i tuoi testi Ariel, hai descritto questi momenti in maniera esemplare trasportandomi dentro le tue emozioni. Grazie per essere passato da me, ed un abbraccio da Roma.

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